He sentido ese letargo, la frialdad con la que se termina un amor y se empieza otro como si de trapos viejos se tratase. Ya no me sirve ni me satisface esta relación, comamos una nueva y deshemos la anterior. Y luego lo justificamos diciendo que no es poli consumo de cuerpos, sino simplemente el empoderamiento femenino y las formas de manifestarse el amor. He reflexionado mucho al respecto y me parece una forma de ver la vida superficialmente avocandose al disfrute y al consumo.
¿Si he decidido entrar en una relación que llegó a durar muchos años, pero a mi pareja le ocurrió un accidente o empezó a sufrir una enfermedad, el amor que ya no se disfruta debe ser dejado?
Hasta que punto este discursos nos encierra en una crisis moral y emocional. Y aquí entra la parte de la promiscuidad. ¿Acaso el esperar que se cierre un ciclo no es lo correcto?
¿Por qué ese afán de romper las cosas y dañar los seres, sólo porque se encontró una nueva persona que nos hace sentir bien?
Definitivamente, y sin contar con el querer dejar ir a alguien que no está cómodo con la situación, aquí es donde entra la responsabilidad afectiva. En este punto es donde decimos que depende de la madurez de una persona.
En mi caso, puedo justificar a la persona que me hizo daño, porque su edad no es suficiente para que pueda entender lo que significa responsabilidad afectiva. Porque ella va a justificar por todos los medios y debates su egoísmo, citandolo aún cuando es injustificable.
Está generación de falso empoderamiento, no es la mía. No habla de diversidad sexual, y del amor libre. Habla del consumo de cuerpos, aun dejando cadáveres emocionales. Es una realidad a la que debemos frenar con la evidencia de la razón, con todo y ello, no se trata de la concepción del amor, sino de la objetividad del mismo.
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