E ntonces le escribí varias veces lo que pensaba, lo que sentía, con sinceridad pude hablarle y permitirme decirle que se escapara. N o tuve otra opción. A su corta edad, tenía una carga monumental bajo sus hombros y heridas que conocía muy bien en sus muñecas. A l mismo tiempo, me di cuenta de algo fundamental, tengo un vínculo emocional con ella. M e pregunté varias veces, ¿por qué siento esa afinidad? O samos desafiar a los reyes juntxs, a tomar el poder de este barco malherido. A reconocernos como seres políticos en un mundo tan difícil. R ecordé otra mirada, otras lágrimas. El dolor ajeno a mí, ajeno a mi empatía. La acumulación sistemática de sufrimiento continuo, reviví el miedo ancestral en sus carnes. A ntes de herirla, de quebrar su alma con impertinencias, decidí tomar un respiro y reflexionar. Sentí que la experiencia había forjado un hombre valeroso, mucho más sabio ante la situación. T omé la batuta y le recordé lo valiosa que era ella. Las cualidades que...