Me he dado tiempo para escribir esta entrada. Y no es por menos. Dos sucesos, de repercusiones permanentes ocurrieron el pasado fin de semana.
El pasar del tiempo nos enfrente contra algunos dilemas que cambian absolutamente todo, que nos conducen a romper nuestros principios de vida.
Hace varios años, yo yacía empezando lo que acabaría tiempo después y propendía por una amistad que actualmente, no existe. Y es que así es la vida, un influjo de acertijos que nos detonan el cerebro en una posterior conclusión inesperada. Actualmente, con quienes reí a carcajadas y de quienes me regocije en profunda confianza, no sólo ya no estan, sino que desean no volver a verme.
Tal vez, la felicidad se encuentre lejana al propósito de un cuervo como yo, un cuervo rojo.
El fin de semana empezó a construirse desde mucho antes. Pienso que soy un loco haciendo acrobacias político-personales, pero hasta el momento no había enfocado el debate personal y político que inmiscuyó mi vida años atrás. No. Realmente era algo que se salía de mi percepción. Nuevamente, no fui yo el que dio el primer paso. Mi concentración estaba en otras personas, en otras actividades, en retomar mi vida académica. Pero ella no lo veía así. Solíamos estar mucho tiempo juntos en el lejano pasado, la razón era muy sencilla. Ambos compartíamos ese egocentrismo que nos atrae estúpidamente a los ingenieros y eso que nos hace ser seres particulares con respecto al resto de personas. Compartíamos la experiencia traumática de llevar a cabo una vida que no queremos para complacer a nuestros padres y a una caótica y decadente sociedad capitalista.
Ella continuó, yo deserté.
Mientras yo empecé a vivir una experiencia netamente política, su vida se centró en el vacío mundo del elitismo. Es como ver mi yo del pasado, hablando por mí. "No siempre se pueden ganan o perder debates". Me dice. Es exactamente el comentario del pasado yo.
El tiempo se pasa demasiado rápido y no pensé que el vernos hace un año haría una diferencia tan alta. Para mí, era una persona del pasado, que posiblemente sería pasajera. Para ella, un amigo de vida que siempre recordaría. No me había fijado que mis experiencias de vida, en la segunda universidad, nublaran mi vida en el pasado.
Que de la coyuntura nos hayamos vuelto a juntar y que de salir como amigos, pensé que todo seguiría igual, pero este contexto en el que me encuentro y mi ciega esperanza de experimentar lo que se me ha dicho "soy incapaz", que de salir del amor romántico tengo que conseguir.
Pues eso, ella me ha dicho, que le gusta mucho salir conmigo pero quería algo más. Al mismo tiempo sabía que yo estaba saliendo con alguien más y que mi condición actual no es la de quien busca el amor. Había sido totalmente sincero con mi condición actual.
Al ser una sorpresa, me ha tomado unos instantes responder.
Así fue como se empezó a cultivar un fin de semana interesante, desde ese viernes en que nos encontramos. Ahí donde la magia de la ciudad hace de las suyas.
Por otro lado, existía el espacio político que nos daría luces para no seguir decayendo. En este caso, mi condición era la de tener los requisitos al día y ser el único entre mi espacio político. Por ello, se me emuló para asistir. Llevábamos meses de discusiones, de preguntarnos el horizonte, de saber bien que la estábamos cagando y que romper con eso era necesario. Una parte de mí me conducía a creer que mi presencia allí era necesaria, mientras que otra, me decía fuertemente que algo estaría mal, algo me rompería ahí dentro. Y así fue.
El viernes la maga me confesó sus intenciones. Mi primer acercamiento al "amor libre", desde una perspectiva que no esperaba.
Yo no quiero herir a nadie, le dije. Quiero ser responsable contigo, y con terceros.
Todo ha sido consensuado, me respondió.
Me dio risa interna, todos los debates y lecturas que había tenido para llegar a este punto, para decir unas simples palabras.
"De acuerdo."
Mientras la miraba a los ojos, la profundidad en mis pensamientos me recordó lo que había hecho hasta ese punto. Me dije a mí mismo que había roto los principios de mi vida. La traición a un amigo. La no violencia. Y finalmente, quebraba el punto que nunca había podido quebrar, la separación carnal de la sentimental.
Hay mucho más allá de lo que uno puede gozar en la vida. Hay besos que no son para todo el mundo, así como palabras que se pueden brindar. Hay risas que no salen de la nada y sentimientos que crecen desde el privilegio.
Creo que hace mucho aprendí a diferenciar entre el enamoramiento y el amor, sólo que hasta ahora me doy cuenta.
El fin de semana sólo comenzaría allí, conmigo desubicado a las dos de la mañana. Pensando en la responsabilidad. Y luego chispeando mis ojitos entre prematuras lágrimas. Pero el despiste de la maga me envió al lugar que no era y me desperté de tajo en aquel espacio que había odiado alguna vez, tal vez coincidencia, o tal vez era mi misma consciencia recordándome el camino real. Y así llegué al hostal, minutos después.
Decidí pagar la inscripción e irme a descansar. Dormí un buen rato mientras esperábamos que todo estuviera listo para el viaje.
Entre risas y saludos, me sentí nuevamente en un ambiente fraternal. Me encontré con viejos amigos, con quienes había compartido meses atrás algunas palabras.
No pude dormir en el bus, ni tampoco otro compañero, así que nos fuimos discutiendo un poco de todo. De nuestras vidas, de nuestros padres, de las razones que nos habían forjado traumas en el pasado. Le compartí mi traumatica experiencia de algunos varios años, comentándole la razón por la que ya no tomo hasta el punto de perder la cabeza. O por lo menos eso intento. Pero la verdadera razón de desplegar dichos comentarios tan profundos de mí, era porque sabía que alguien más escuchaba mi pasado. Una persona que necesitaba supiera un poco más de mí, porque yo necesitaba algo de ella a cambio.
Pues bien, el evento inició con dos fuertes y contundentes advertencias. La primera era que no estábamos solos, ni solas. Lastimosamente no muchos entendieron lo que ello significaba. La segunda era que haríamos acuerdos colectivos, acuerdos que garantizaran la integridad de quienes estuviéramos allí y que brindara garantías al debate. Al ser un acuerdo colectivo y bajo una hora de discusión, proseguimos a dar inicio a dos largos días de debate que nos trazarían una ruta importante. Desgraciadamente, a las pocas horas, las reglas que consensuamos fueron rotas.
El acuerdo colectivo había sido ultrajado, y de qué manera. Se había revelado bastante información del evento, hasta fotos del mismo. No había certeza de quien o quienes lo habían realizado. Lo cierto es que, tuvimos otras tres horas de discusión sobre agudizar los protocolos de seguridad. No habría forma de comunicarnos el resto del tiempo que pasáramos allí. La situación se volvió riesgoza y finalmente, se tomó la decisión de hurgar en la información que teníamos a la mano.
Incomunicados, el evento continuó hasta que logramos llegar a consensos. Sólo quedaba el último espacio que definiría todo. Sin embargo, antes de ese espacio, desgastamos otra hora más en el tema de seguridad. Se logró descubrir quienes estarían detrás de eso. Algo que definitivamente no esperaba. Y al ver la salida de esas personas, probablemente de mi vida también, estallé en llanto.
Jamás había sentido, de la forma en que lo sentí, que una amistad me rompía el corazón.
Para empeorar la situación, días después en la ciudad, nos confirmaron que una persona que había viajado con nosotros, estaba contagiada... y esa es mi pena actual.
Así se forja el acero, me dicen. El acero de una persona sin corazón.
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