Debo admitir que yo siempre adoro cuando me llegan sorpresas inesperadas... Cuando el amor llega y ni siquiera me doy cuenta... En la mayoría de casos, pierdo las oportunidades... Me da miedo tomarlas o las dejó pasar. No obstante, este no sería el caso, lo tome porque lo estaba esperando hace mucho tiempo y tenía muchas ganas de que ocurriera... Sobre todo porque la chica con la que ocurrió llevaba mucho tiempo en mi mente, a pesar de que yo lo escondía muy bien...
Poco después de que nos dimos nuestro primer beso, olvidé contar una anécdota, pero la guardaba porque es especial.
Nosotros nos escapamos, no fuimos a clase... ¡¡Opsii!!
Fuimos caminando cogidos de la mano besándonos ocasionalmente, hasta que encontramos un parque solitario. Recuerdo que ella estaba tremendamente linda. No sé si sabía pero adoraba cuando se ponía gótica y cuando vestía faldas, exhibiendo esas piernas tan lindas, que todavía hoy me hacen tragar saliva de solo recordarlas...
En el parque, había una silla casi en la mitad, un poco oculta de todos... Nos sentamos allí, discutimos un rato, y nos seguimos besando. Llegó el momento en que nuestros besos pasaron a un nuevo nivel, y ella decidió sentarse en mis piernas, agitando cada vez más la respiración de los dos. Mis manos empezaron a temblar, pero mi corazón pedía que me acercara cada vez más a ella. Por lo que me dijo después, notó que yo estaba muy contento, y se burlaba de eso, puesto que los hombres tenemos una debilidad cuando una chica que nos gusta se sienta en nuestras piernas. Recuerdo muy bien, que la acaricie con mis manos, y que las frotaba en su espalda, mientras mis besos rozaban su boca con ternura. Aunque pasado el tiempo, la ternura se desvanecía en besos más apasionados. Ella me miraba. Ambos suspirábamos al tiempo. Mis manos actuaron por si solas y empezaron a bajar, rozando sus caderas, inclinando la cada vez más a mi cuerpo y ambos sentimos un momento realmente pasional. Mi corazón cambió de parecer...
Al principio, pensé que mi experiencia con ella iba a ser corta, y que no me iba a enamorar de ella, o a sentir que ella era la mujer de mi vida. No. Nada por el estilo. Mi corazón solo quería sentir amor. Aunque no fuera de la persona indicada. Sin embargo, por cada día que pasábamos juntos, la iba conociendo un poco más, y me iba dando cuenta que como pareja me sentía muy a gusto con ella, y ganamos muchísima confianza, sentí que era un amor de mucho tiempo, cuando llevábamos pocos días saliendo.
Aunque todo iba perfecto, el color rosa del que había tintado mi día y mis pensamientos, cambió dramáticamente a un gris lleno de temores e incertidumbres. Su tan trágico amor, le había hecho daño al día siguiente, y ella tuvo un ataque de ansiedad en la soledad de su casa.. La tristeza que me cernía ese día, era solo una de varias.
Pensé que esos ataques, ocurrían con lapsos largos de tiempo, y por un mes creí eso... Pero no fue así. En parte me dolía el corazón, pensar que estaba queriendo a alguien que aun amaba a su anterior pareja, con un amor trágico y difícilmente reversible.
La siguiente semana salimos todos los días, sin falta alguna.
Salimos a caminar al centro de mi ciudad, que es la más hermosa, pero de la cual se ha deteriorado la cultura y en parte la gloria que había, por cierto personaje que ha dañado la verdadera esencia de la ciudad. (Cosa que hablaré con detenimiento en alguna otra entrada)
Recuerdo que fue la semana, que ella se ofreció a cuidar a una perrita que había sido recogida en la calle y que necesitaba mucho amor. Ella planeaba dárselo, pero por desgracia la perrita sufría de un daño, al parecer irreversible, en la última vertebra de su columna vertebral. Por lo que su colita, no podía moverse, y además no controlaba su esfínter adecuadamente. Razón por la cual, en cualquier momento se hacía, y por lo que la familia de ella decidió que era mejor no tenerla en casa.
Desesperada, ella acudió a mi, y le di una mano.
Recuerdo que pensé que como vivía cerca del trabajo de mi madre, podríamos irnos caminando hasta allí y con ayuda de mi madre, podríamos llevarla a mi casa. Aunque fue complicado. Y fue una experiencia bonita en la que me sentí responsable, y sentí un poco el amor de padre...
Empezó una tormenta terrible, era un camino semi largo y solo teníamos una sombrilla no muy grande. Ella se dedicó a llevar a la perrita mientras yo llevaba la sombrilla y abrazaba a las dos. Intentaba brindarle mi calor a ambas para que no sufrieran por el tremendo frío de la tormenta. Ella sufrió un poco las lesiones, de los arañidos de la perrita un poco desesperada por estar inmovilizada. Nos costo llegar, pero lo logramos, juntos lo logramos. Esperamos a mi madre, y cogimos un taxi. Ella nos acompañó. Mi madre decidió llevar a la perrita al veterinario de confianza, y él la examinó. Desgraciadamente, a la chica girasol se le fue el tiempo y le tocó quedarse en mi casa porque era demasiado lejos y no podría devolverse. Aunque peleo con el padre, al final le dio permiso, y ella se quedó. En parte me alegraba y me sorprendía puesto que ninguna chica se había quedado conmigo, mientras mi familia estuviese. Eso era novedad. Ella tenía un trabajo muy largo que hacer y tenía muchísimas intenciones de ayudarla, pero conforme pasaban las horas, y no entendía nada, me iba quedando dormido. Admito que hicimos jugueteos, y nos besamos cuando nadie estaba por ahí cerca. Admito que nuestras ganas nos ganaron y que fue un encuentro lleno de pasión de adolescentes. Fue divertido. Al final, ella terminó su trabajo y yo tuve que dormir en el cuarto de mi madre. A la mañana siguiente, estuvimos solos desayunando y nacieron muchas sonrisas que terminaron, en nuestro primer encuentro de amor real.
Cuando fuimos a la universidad, yo tenía parcial, y estaba tan atontado con todo lo ocurrido que tuve que dejar que mis amigos me ayudaran, puesto que era un parcial de a grupos. Todo el día ande, deseando verla, y fue así, en la noche nos volvimos a ver, y estuvimos juntos un tiempito más.
Me parece que fue en esa semana cuando salimos a tomar con amigos de ella y un amigo de ambos. Nos ocultamos todo el tiempo de mi amigo, dándonos besos a sus espaldas y cogiéndonos de la mano, para finalmente decirle lo ocurrido. Fue por segunda vez que vi un poco ebria a la chica corazón, y me entró un miedo, de nuevo un poco acojonador. La noche terminó en que la cargue hasta la estación y la acompañe por primera vez a su casa... No recuerdo bien que hicimos ese fin de semana, pero podría apostar que ella fue a mi casa, y el domingo nos vimos... Pero no recuerdo como...
La primera semana iba conociéndola un poco, y me di cuenta que me iba a enseñar demasiadas cosas en tan poco tiempo.
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