Pareciese que botar lagrimas fuese inversamente proporcional a la cantidad de suspiros con los que convivo a diario. Creo que el poder expresar tristeza, en momentos, me hace sanar de a pocos, sentirme mucho mejor conmigo mismo con el mundo con todo lo ocurrido, dejar ir el pasado.
Hoy estuve mirando dentro de miles de archivos que generalmente subo a una nube por si tengo algo que recordar, pasados, experiencias o dentro de mis memorias, encontré cierta carpeta de viejos vídeos que me hizo soltar al menos un par de lágrimas. Y aunque fue una tontería haberlos abierto para mirar, me hizo sentir que me falta poco para sentirme mucho mejor de lo que me he sentido estos últimos años. Que todo ese dolor que existió en el pasado, que me persiguió casi hasta el presente, se está yendo para no volver, y esos recuerdos sólo serán sonrisas de nostalgia que volaran como cenizas.
Me pregunto qué tan vulnerable he sido, o cuál debe ser mi papel de ahora en adelante, ¿en qué condición me encuentro?
Es cierto que es muy triste que alguien te haga sentir poco, o que cambiarte es muy fácil. Es duro pensar que alguien que quiso estar contigo te vio no más como un capricho, y no le importo ahondar más en conocerte, o en saber quién eras o incluso en ver tus mayores cualidades. A veces debemos convivir con eso, con el pensamiento de que existen personas para las que siempre fuimos pasajeros, una experiencia más del montón. Asumir eso, es restarle importancia a aquellos sentimientos o aquellas condiciones que nos permiten responsabilizarnos de las otras personas.
Y bien, siempre lo he dicho, me importa mucho que la razón de ser en una relación, si es que existiese, debe estar atada a la trascendentalidad y no a la transicionalidad.
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