Tal vez una de las cosas que más admiro de mi personaje favorito es su sincera amabilidad. Encuentro miles de razones para sentirme empático con ese comportamiento. De hecho, quisiera poder ser esa persona que a pesar de los golpes o las traiciones siempre encuentra la forma de sonreír y de dar la mano incluso a quienes no lo quisieron.
Me gusta creer que parte de mi desprende esa nobleza en la que prefiero el perdón al odio, o la venganza. Y es que no me gusta vivir con amarguras, detesto encerrarme en un pasado dañino. También admiro esa capacidad de dar segundas oportunidades.
Los años no se pasan solos, y las capacidades van creciendo.
Así pues, allí estábamos. Era una noche bonita. No hacía demasiado frío y el ambiente se tornaba cada vez más juguetón. Era de esas noches en que tomar demasiado se sentía normal y trasnochar no era muy difícil. Incluso, puedo decir que tome lo que no había tomado en mucho tiempo y mi cuerpo lo aguantó como un veinteañero.
Después de un buen rato bailando, mis compañeros y compañeras se quedaron dormidos. Agotados por lo avanzada de la noche, quedaron acostados en el amueblado del apartamento. Pero yo no estaba cansado, podía seguir derecho sin problema alguno. Y eso fue lo que hice.
Estuve hablando con los vecinos de mi amigo. Era una familia de cincuentones. Recordamos al viejo Elkin. Cómo olvidarlo. Su muerte, sin lugar a dudas, nos había logrado jugar una mala pasada. Recuerdo que al oír la noticia lloré en su nombre. Al sentirnos cómodos hablando de los viejos tiempos, entré de visita con ellos y ellas. Una vida basada en el rock. Su apartamento amoblado con un estilo puramente de los ochentas, me hizo recordar el sueño que ostentaba antes de ser rojo.
Pensé muchas veces que esa vida se asemejaba cada vez más al paraíso. Un recuerdo de mi infancia, en el que me encontraba tocando la guitarra eléctrica y enloqueciendo a las masas. Una de esas metas que decidí abandonar el día en que intercambié mi búsqueda de la felicidad por el futuro de la humanidad.
Tome tanto que no recuerdo bien lo que pasaría posteriormente, pero si recuerdo que me devolví con ella. Era muy raro que estuviésemos los dos solos, y desde hace mucho quería abordarle. Sería una oportunidad de oro.
Sabía por lo que había pasado, no es que no habláramos, es que nuestras condiciones lo imposibilitaban. Y un pasado inmaduro de mi parte, pero también desafortunado.
Curiosamente me desenvuelvo mejor cuando tengo la cabeza mareada, y desprendo una esencia de sinceridad. No podía estar en una condición de honestidad más alta. Hasta para mí fue increíble escuchar aquellas palabras. Y creo que para ambos eran necesarias.
Nos devolvíamos en transmilenio, y aproveche el momento para preguntarle cómo estaba. Cómo se sentía con todo lo que había pasado. Me dijo lo mal que estaba. Le pregunté si confiaba en mí. Recuerdo que espero un momento antes de decir que si. En mi mente, sonó como un tres cuartos, tal vez menos. De todas formas, no lo reproché. Creo que tenía más sentido un no.
Y ahí le dije lo que sentía. "De verdad lamento todo lo que ha pasado, pero esto no significa nada." Respire profundo. "No importa la organización, y jamás va a importar más que tu misma." Aunque siempre me ha costado, la mire fijamente y le seguí comentando. "Escúchame, he visto tu trabajo. De verdad lo he visto, y no creo que haya muchas personas con tanta legitimidad." "Sé lo fundamental que eres para las gente, y sé que tu misión va más allá que esto." Jamás había pensado en dar dicho discurso, simplemente siguió naturalmente. "Las personas quizás no lo entiendan, pero tu que te esfuerzas tanto por ellos y ellas, eres realmente una heroína. Siempre haces mucho por los demás y dedicas un tiempo inhumano a poder velar por su seguridad. Yo creo que eso es de valorar y nadie te lo puede quitar." Al finalizar, sólo le dije "Eso es lo que quería decirte."
Finalmente llegamos a la parada donde nos despedíamos. Ella estaba algo intoxicada por las bebidas que habíamos tomado, así que la acompañe a que lo expulsara. Admito que me reí y la molesté por ello, mientras la cubría para que nadie le viera.
Planeaba despedirme como siempre, de lejos, pero ella me abrazó, y lo sentí sincero. Hace rato no sonreía de una manera honesta. Por un momento, me sentí un poco mejor conmigo mismo.
Sin más, nos despedimos y cada quién tomó un camino distinto...
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