Me pare enfrente de la puerta. Mi mente divagaba. Sentí el viento pasar por todo mi cuerpo. Estaba calmado. Recordé la expresión de una hija adolorida por las enfermedades de su padre y pensé que mis problemas no se comparaban. Aquello me calmó. Suena cruel, pero al menos no estaba sufriendo tanto como creía. Debía ser un juego de niños.
Proseguía a dar unos pasos. El sol ahora cubría todo mi cuerpo. El calor del cemento del parqueadero en el último piso, era tranquilizador. Seguí caminando. Me movía despacio. Me preparaba para recordar. Recordarlo todo. El calor no me quemaba, ni era fastidioso. Me tranquilizaba. El cielo se veía despejado y el viento resoplaba y hacía mover mi pelo. Seguía caminando, mirando como llegar al borde de aquel edificio. Caminaba y caminaba. Cada paso era un recuerdo que intentaba superar pero que llegaba y me dispersaba. No podía dejar de pensar. No podía mantener la mente en blanco. Sin darme cuenta llegue al borde. Se veía lejano el piso. Sabía que al caer de allí moriría o quedaría gravemente herido. Y me puse a pensar. Que fácil seria terminar con todo de un paso. Que fácil estaría tomar ese camino. Olvidarme de todos y acabar con todo. Mi cuerpo por instinto hizo un gran suspiro.
El tiempo, teniendo la mente en blanco, se acabó y terminé recordándolo todo. Aunque tenía un nudo en el pecho, intenté pensar tranquilamente. Cerré los ojos al borde de ese precipicio. Solté un par de lagrimas y empecé a la tarea de indagar en mis memorias. No es fácil. Ha pasado mucho tiempo desde que mis memorias empezaron a corromperse.
Mi mente me llevó al sitio donde yo supe que el destino habría sido regido. Nunca habría creído en ello, si no hubiera vivido esa experiencia con mis propios sentimientos. Era una noche linda. Los compañeros se habían citado en una zona al norte donde se suele bailar y tomar entre jóvenes. No lleve ropa agradable, lleve ropa cómoda. Las miradas de aquellos compañeros, me recordaron que no eran de mi tipo, ni las personas en las que confiaría, pero ya estaba allá, y ya no podía huir. Pasaron muchas cosas sin importancia, y mi recuerdo viajo al momento exacto donde todo empezaba a ocurrir. Recuerdo mi actitud. Era confiable. A pesar de que no era el más guapo vistiendo, confiaba en mí mismo. En que yo era una persona que valía la pena. Había creído encontrar a alguien, pero siempre que creo saber que es la persona en algún punto determino que no lo es y queda siendo una promesa para olvidar. Me ha pasado varias veces.
Sin buscar nada, me digne a ser yo mismo. A dejar claro que solo quería divertirme y olvidarme del resto. No me importaba hablar con mis compañeros, sino sacar algo interesante de la noche. En algún punto de la noche en el bar donde nos encontrábamos, llegó ella. Una historia que no quiero olvidar y no creo hacerlo, pero que quiero tener al menos en el blog. Una chica aparentemente callada que se veía interesante. Cansado de bailar y con ganas de hacer amigos, me senté a su lado. Y empecé a conversar. No recuerdo mis primeras palabras pero recuerdo bien que la conversación mejoró.
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