¡Ayyy! Querido diario,
Tengo que decirte lo avergonzado que me siento de haber escuchado el discurso sobre el amor romántico o el apego de alguien que se arrastra y súplica le puedan amar.
Tengo que dejar muy claro, que el rogar es el punto de bajeza más grande al que uno puede llegar y que fuera de empático, me siento terriblemente decepcionado.
Que aburrido ver cómo se ha vuelto el amor el centro del sentimiento, como se abandona la vida colectiva y se sufre en la individualidad.
¿En dónde quedó el honor, la grandeza, el fuerte ego de una diva?
Ahora más que nunca entiendo que en momentos no se ama quiénes somos, sino lo que podemos llegar a ofrecer. A veces se ama el amar, y no el ser. Aceptar este hecho, es difícil pero es el mejor paso a dejar la toxicidad.
He desgastado la mayoría de mi tiempo libre, los últimos años, en tratar de darle una explicación al amor, al hecho de querer de forma correcta. En tratar de justificar los sucesos o cambiar creyendo que era más consciente y maduro.
Pero ahora sé, que jamás habrá una forma correcta del querer, que no tengo porque someterme a un moralismo absurdo y conductista. El amor ya no volverá a ser mi centro, ya no volveré a cargar mi vida de sentimientos, a enfocarme en quiénes se irán de todas formas.
Parece que cuando una estrella muere, lo pierde todo. Su brillo, su fuerza, su camino y con esa muerte, a su paso sólo queda un hoyo negro.
Que decepción.
Es muy amargo que lo último que aprenda de ella, es a no ser como ella...
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