Quedan dos días, y estoy muy animado. Hace mucho no tenía un buen semestre académico, amistades incomparables y lo mejor de todo, una pasión desenfrenada.
Tenía ese susto de haber perdido el líbido, de creer que el gusto por el sexo se había espantado y aquello no volvería, o a veces la inercia del sentir me ganaría, pero no es el caso.
Genuinamente disfruto del sexo, de hecho, lo disfrutamos. Lo disfrutamos tanto que no podemos mirarnos sin estarlo pensando. No podemos ya dormir con ropa, y es que sentir nuestros cuerpos, nuestros piecitos libres de toda opresión, se siente tan lindo.
Tal vez tengo suerte de verle retorcerse con ese placer entre los labios, y que mi experiencia haya crecido al punto de satisfacerle y hacerla desear cada día más el poderse quedar conmigo, aunque su deseo pase a veces a la codicia y de ahí la adicción le afecte.
Y ahora tengo este desenfreno hormonal, me estoy volviendo loco, pensando en sexo día y noche, deseando que se quede otra noche más, para volvernos locos, agotar nuestra existencia y dormir abrazados.
La verdad quiero comerla viva en todo lado, quiero arriesgarme al sexo público, quiero que lo hagamos pronto en la playa, quiere volverme loco en un hotel, no puedo evitar morderme los labios al verle, me enloquece demasiado la situación.
Y es que el hecho de que ambos disfrutemos el momento, de que ella me empuje a que la penetre, que no resista estar a solas conmigo, de que le fascine mi pene, me da más ánimos, me despierta con ansias de repetir, me desubica su rostro de exitación, y llegó al punto de disfrutar inmensamente lo que creía estaba roto en mÍ.
No creo que haya amor en el acto, o que hagamos esto con el objetivo de consolidar una relación.
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