"Quiéreme, apasionadamente, pero comprensivamente, mi camino está trazado, nada me detendrá sino la muerte. No sientas lástima de ti; embiste la vida y véncela, y algunos tramos del camino los haremos juntos. Lo que llevo por dentro no es ninguna despreocupada sed de aventuras y lo que conlleva, yo lo sé; tú debías adivinarlo" Guevara
Estoy dando el paso, el de crecer. Un paso de salir de la juventud a comprometerme a la madurez. Aceptar el camino que he acogido. Y ejecutarlo. He decidido, avanzar en el tramo. Dejar de pastar a los alrededores y ubicarme en el sendero. Porque estoy comprometido conmigo mismo y con nuestra humanidad.
El tiempo pasa y las definiciones cambian. No es hipocresía, es crecimiento.
Por eso como un joven adulto, no contemplo el amor hacia un final eterno. Contemplo el amor como la vida nos permita. Hacía un propósito noble y revolucionario. Hacía la construcción de una sociedad basada en la igualdad. Hacía la desaparición del egoísmo por encima del colectivo. La desaparición definitiva de toda forma de explotación a cualquier ser vivo. Porque el amor revolucionario no comprende de utopías, sino de acciones objetivas, de un fin honorable, de principios y humanismos.
El amor revolucionario no es de sacrificios y culpabilidades, sino de esfuerzos y responsabilidades. No se puede vivir el amor revolucionario solo del disfrute y los placeres, sino de la correlación y el compañerismo. Del reconocimiento y el auto reconocimiento. De la planificación acertada y la madurez para ejecutarla.
El amor revolucionario no nos puede abstraer de la realidad, sino vivirla en todo su estruendo. Ser dialéctico en su crecimiento, y materialista en sus capacidades. Amar desde el consenso, desde el acuerdo, desde el consentimiento.
El amor revolucionario es un amor con sinceridad responsable, empatica. El amor revolucionario no comprende de envidias, ni de sectarismos. Es un amor de apoyo, un amor inclusivo.
El amor revolucionario es amor de lucha, y de fuerza. Del acompañamiento colectivo, y de independencia.
Ese es el amor que me he de fundar, bajo un proceso. Un proceso tanto colectivo como individual. Es la definición de un cuervo joven, que pasa a la adultez.
Estoy dando el paso, el de crecer. Un paso de salir de la juventud a comprometerme a la madurez. Aceptar el camino que he acogido. Y ejecutarlo. He decidido, avanzar en el tramo. Dejar de pastar a los alrededores y ubicarme en el sendero. Porque estoy comprometido conmigo mismo y con nuestra humanidad.
El tiempo pasa y las definiciones cambian. No es hipocresía, es crecimiento.
Por eso como un joven adulto, no contemplo el amor hacia un final eterno. Contemplo el amor como la vida nos permita. Hacía un propósito noble y revolucionario. Hacía la construcción de una sociedad basada en la igualdad. Hacía la desaparición del egoísmo por encima del colectivo. La desaparición definitiva de toda forma de explotación a cualquier ser vivo. Porque el amor revolucionario no comprende de utopías, sino de acciones objetivas, de un fin honorable, de principios y humanismos.
El amor revolucionario no es de sacrificios y culpabilidades, sino de esfuerzos y responsabilidades. No se puede vivir el amor revolucionario solo del disfrute y los placeres, sino de la correlación y el compañerismo. Del reconocimiento y el auto reconocimiento. De la planificación acertada y la madurez para ejecutarla.
El amor revolucionario no nos puede abstraer de la realidad, sino vivirla en todo su estruendo. Ser dialéctico en su crecimiento, y materialista en sus capacidades. Amar desde el consenso, desde el acuerdo, desde el consentimiento.
El amor revolucionario es un amor con sinceridad responsable, empatica. El amor revolucionario no comprende de envidias, ni de sectarismos. Es un amor de apoyo, un amor inclusivo.
El amor revolucionario es amor de lucha, y de fuerza. Del acompañamiento colectivo, y de independencia.
Ese es el amor que me he de fundar, bajo un proceso. Un proceso tanto colectivo como individual. Es la definición de un cuervo joven, que pasa a la adultez.
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