En esta historia nos remontaremos a tiempos pasados en el que nuestro héroe estaba apenas empezando como aprendiz en una larga lista de habilidades tanto con la espada como en el arte de la magia. Era campo alto de la vereda de Gregorio Valkiria. Un lugar lleno de bosques de arboles altos y conocido por tener una de las primaveras más bellas del reino de Golombiaj.
El joven Kornak solía tomar agua miel, dotada de un poco de maíz fermentado que le daba un mejor toque a la cerveza y hacía surtir sus efectos fuertemente. Lo solía beber en las tardes calurosas que tornaban el cielo de un rojizo precioso que solo se podría vislumbrar desde la colina del bar los Helechos del Pozo Viejo.
Sus amigos de camada lo acompañaban y consideraban un gran líder en misiones pequeñas e inocentes que suscitaban los viejos de la vereda. A veces era cortar el césped para que las flores fueran más vistosas y aumentara así el turismo. Otras veces, las misiones consistían en pescar, recolectar semillas y hasta cocinar para las camadas de ancianos que yacían en la vereda.
Por mucho tiempo nada importante ocurría en Gregorio Valkiria, hasta que de lo profundo del bosque surgieron unas figuras llamativas y que para los ojos de Kornak, no eran familiares.
Los elfos del bosque eran unos seres con orejas puntudas y un porte agresivo y silvestre que solían vestirse con ropajes hechos de las materias primas de la naturaleza. Sin embargo, no había mayor diferencia entre la raza de Kornak y la raza de elfos. Aunque para la vereda, era todo un misterio la visita de estos personajes.
Kornak con ojos atentos en los primeros elfos que llegaron, no se percató de una joven elfa que le seguía el rastro. En su mente una voz habría empezado a susurrarle y se sentía confundido. Para Kornak, el primer sueño despierto que tendría empezaba y no tenía idea de lo que vendría tiempo después.
La Presentación de Aster
Una sensación de calma había invadido el cuerpo de Kornak. No era normal. Hace unos minutos yacía tomando una buena cerveza de miel y ahora estaba en un mundo totalmente distinto. Una risa clara se escuchaba. Era linda. Kornak sentía la curiosidad de la persona que estuviera tras la risa pero no podía encontrarla. Todo estaba nublado y solo podía ver una danza a lo lejos, la silueta de una persona que jugaba con él, pero eso, le encantaba.
La atrevida y sensual mirada de la elfa, revolvían el estomago de Kornak. A lo lejos se escuchaban las voces de los elfos hablando y presentándose con el resto de la camada de Kornak, mientras él solo podía estrellarse con un mundo fuera de la realidad.
Los aromas eran distintos. Ella estaba entrando en su mente, en sus sentidos y sin que Kornak siquiera lo sospechara entraba también en su alma. Todo de ella le parecía especial. Y no podía dejar de imaginar por un segundo, como terminaría la historia junto a ella...
Los aromas eran distintos. Ella estaba entrando en su mente, en sus sentidos y sin que Kornak siquiera lo sospechara entraba también en su alma. Todo de ella le parecía especial. Y no podía dejar de imaginar por un segundo, como terminaría la historia junto a ella...
Regreso a la Actualidad
Aster veía con resaca a Kornak después de mucho tiempo sin verse. Ambos se querían con respeto pero sus miradas ya cansadas de las aventuras con las que tropezaron, con los dolores que tuvieron que pasar, habían puesto un tate quieto en la relación. No, no era una relación de amor. Era algo más bien como el sentimiento de un compañero y su compañera de peleas, que habrían sufrido varios acontecimientos desgraciados. En sus ojos, a veces era amor lo que se asomaba, pero era más miedo de hacerse daño mutuamente.
Kornak se despedía de ella como lo había hecho ya varias veces y la veía alejarse en el barco vikingo de su esposo. Aster era feliz y Kornak aún tenía muchas batallas por delante, pero esos ojos, esos ojos lo perseguirían por el resto de la vida... Una batalla que Kornak nunca pudo, ni podrá ganar...
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