Ayer me encontré con un girasol. Hacía casi dos meses que no tenía ningún contacto con ella. Y le fui explicando como sus pétalos iban cayendo y al recogerlos me daba cuenta que me quemaban. Trate de darle la alegría que el mundo me había brindado, intentando ser el sol que le alimentase pero fracasé en el intento. Sin embargo, lo que ambos aprendimos de la experiencia, lo tendremos presente de ahora en adelante.
Caminando me di cuenta que la popularidad es un arma de doble filo. Podría incluso afectar a personas que me rodean y eso no lo había considerado.
Por ello, estuve analizando la situación y realmente las personas si olvidan algunas historias. Ya nadie menciona el Diamante que estuve persiguiendo en alguna época. Siento, que si una nueva historia nace, opaca el resto de las historias conviertiendolas en una fabula de niños que todos saben pero nadie menciona porque ya quedaron en el pasado. El olvido es bueno para estar tranquilo, pero una nostalgia que nos perseguirá por siempre...
En mi cabeza están desapareciendo esos pensamientos que en cada momento me perseguían. El hecho de haber encontrado a la persona perfecta para que me acompañase a cumplir mis sueños, y haberla perdido, me hacía decaer en una soledad absoluta. Una tristeza inmensurable que se sentía muy apegada a mis sentimientos.
Esta despedida me hizo entender varias cosas.
La primera que era necesaria.
La segunda que simplemente, la voluntad es la forma más fácil de darse cuenta que el amor existe.
Y la tercera y última, que ya no siento nada por nadie. Lo que sentía por ella ha desaparecido. El deseo de besarle, ya no me invade al verle. El deseo de abrazarla y decirle que todo estará bien, ya no es lo que era, un cosquilleo intenso dentro de mí. Simplemente, se ha muerto mi amor por ella y me ha arrastrado a una época indefinida en la que ya no siento nada por los y las que me rodean...

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