Cuando dejas de respirar, se acaban las guerras, pero también la paz. Puesto que no es necesaria dicha palabra. Entras en un sendero, y mientras caminas tus pasos se van marcando. Aunque con algunos tantos las últimas marcas de tus pisadas se van borrando, como evaporándose lentamente en polvo brillante. Aquí no hay recuerdos, solo olvido. Todos llegan a este sendero, pero muy pocos lo recuerdan. Así como olvidan a la persona que los acompaña. El ser más solitario y errante conocido.
Él esta ahí, dispuesto a acompañarte años, décadas o los siglos que hagan falta hasta que encuentres tu camino. Sin embargo, tú no lo recordarás. Olvidaras todo rastro de su existencia y eso lo hace el ser más triste del universo.
Su nombre sin embargo es todo un misterio.
Solitario el hombre sigue su camino, sin quejarse por su eterno dolor...
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