Esta entrada es la letra de una canción que le planteo regalar a un amigo compositor. Siento pena cada domingo, cada brisa que recorre mi cuerpo al montar bicicleta, más si me distraigo quedaré muerto, en esta ciudad de oro y constante odio. Amanecí un día después del año en que la humanidad se ha pausado, Oh! Amiga foránea, Te dije hasta luego mientras llorabas, porque tú sabías que esta despedida, más que hasta luego, siempre fue adiós. Duele el cambio de rumbo, de verdad duele mucho, pero duele más el apego, el vivir sin despedir. Crezco cada día, como cualquier ser humano con empatía, y desarrollo mi vida, fuera de los paradigmas. Casi trescientos días han pasado desde que te vi, aún suspiro las palabras al abandonarnos, pues aunque tu vives felizmente en el campo, yo me quedé acá sufriendo el ambiente urbano. Esta cuarentena me ha enseñado, que cada quien sana como quiera su pasado, que no existe lo eterno, ni mucho menos lo destinado, no vivimos para amar, pero amar es parte...
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