Querido diario,
estoy acá recostado con mucho sueño.
Es mi hora de almuerzo y estoy reposando un rato. Estoy solo en la casa. Mientras escribo esto, estoy acostado en el sofa de la salita. Tengo la mesa grandota que compró mi mama hace unos 10 años, masomenos. Arriba de la mesa están un compilado de 6 juegos de mesa, que juntos ya llegan a los 600 mil pesos colombianos.
No suelo coleccionar cosas, pero me he vuelto un poco aficionado a los juegos de mesa. Eso me alegra.
Creo que es porque de pequeño siempre quise juegos, pero me aburrían los tradicionales. Monopolio es tan aburrido, no entiendo el juego, y sólo sé que se busca tener propiedades, pero siempre he considerado que la premisa del juego y la jugabilidad del mismo es extremadamente aburrida.
Otra razón para empezar esta afición es que mis ojos se desgastan por mi trabajo. Los siento cansados de estar todo el día enfrente de una pantalla.
Y por último, pero no menos importante, mi pareja también disfruta de los juegos de mesa y comparte muchas sensaciones conmigo cuando los jugamos. Se me hace sano y me mantiene la cabeza fresca para momentos en los que la necesito.
Por otro lado, he tenido muchas ganas de finalmente independizarme y el año pasado vivía pensando en ello. Pero este año me ha surgido una oportunidad para poder quedar en paz y salvo con las deudas que tengo. Así que me prioricé poderlas pagar y finalmente, empezar de casi que de cero.
Sin embargo, ya acumulo experiencia laboral como ingeniero, pero no me he podido graduar, porque cada vez que lo intento, me queda imposible pagar mis deudas, y termino decayendo gradualmente hasta desertar. No quiero volver a pasar por eso.
Por el momento, no me queda mucho para pagar mis deudas, ni tampoco he vuelto a aguantar hambre, u otras cosas en la casa o incluso cuando salgo.
Es cierto que no he sido el mejor manejando mis finanzas, pero si tengo proyectado poderlo hacer en un futuro cercano.
Por lo pronto, en estas épocas me he sentido finalmente estable.
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