Un comienzo desalentador:
Febrero llegó con un golpe inesperado: una reducción considerable en mi salario. Tras investigar, descubrí que el Icetex había enviado una carta a mi empresa exigiendo una retención mensual por una deuda que, según ellos, tengo con ellos. La cantidad era tan absurda que incluso el personal administrativo la consideró ilógica. Pagarla me tomaría más de una década.
Para colmo de males, ese mismo mes había realizado gastos considerables por el cumpleaños de mi madre, creyendo que la reducción era un error de la empresa. La situación se agravó con la deuda del colegio de mi hermana menor, que amenazaba con impedirle continuar sus estudios. Entre mi hermana mayor y yo, reunimos lo mínimo para asegurar su matrícula, lo que me dejó prácticamente sin dinero. Como si fuera poco, mis compañeros de trabajo, incluyendo los jefes, decidieron salir a divertirse en medio de mi crisis financiera. Sin duda, un mes terrible.
Un atisbo de luz:
A principios de marzo, recibí sorpresivamente mi salario completo e incluso un pequeño excedente. Asumo que se trata de un error y que más adelante me cobrarán la retención del Icetex. Sin embargo, aprovechando esta oportunidad, redacté derechos de petición tanto a la universidad como a la entidad crediticia para conocer a fondo el estado de mi deuda y verificar si hubo errores en el cobro de los semestres.
Incertidumbre en la relación:
A principios de mes, mi pareja se sintió extremadamente insegura, probablemente debido a un evento traumático que vivió en noviembre. Como consecuencia, me pidió que dejara de comunicarme con varias personas con las que alguna vez tuve algún tipo de roce. Aunque no lo tomé a mal, hubo un día en que su presión me llevó a ceder a sus peticiones.
Al hablar con mi psicóloga sobre la situación, me hizo una pregunta crucial: "¿Le ves sentido a lo que te ha pedido?". Mi respuesta fue que, de no ser por lo sucedido en noviembre, no lo entendería. Yo estaba seguro de que nunca le sería infiel y que esas personas no representaban un peligro para nuestra relación.
Sin embargo, mi psicóloga me hizo ver que, si bien estas personas no son fundamentales en mi vida, en el futuro podría ocurrir lo mismo con personas más importantes. Tras una larga conversación con mi pareja, logramos aclarar algunos puntos y llegar a algunos acuerdos.
Desmotivación en el partido:
En el ámbito partidario, me he sentido más desanimado que de costumbre. No me siento a gusto con mi nuevo grupo de trabajo, no los considero compañeros y me cuesta cada día más integrarme. No es que esté desilusionado con el activismo, pero sí siento que muchas de las actividades que realizamos son una pérdida de tiempo y no tienen un impacto real.
A pesar de esto, estoy liderando un nuevo proyecto y me he propuesto independizarlo un poco de las tediosas regulaciones del grupo.
Conclusión:
Febrero fue un mes desafiante en todos los aspectos. Sin embargo, la esperanza y la posibilidad de cambio se vislumbran en el horizonte. Tengo la determinación de enfrentar los obstáculos y construir un futuro mejor en lo personal y profesional.
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