Ayer soñé con un fantasma de mi pasado. Me levanté triste en medio de pensamientos y lágrimas. Sentía presión en el pecho y bastante tristeza. Me volvía perder en mí, y en mis pensamientos, en mi egocentrismo, entré al mundo donde sólo yo existo y mi entorno gira al rededor de mí. Y me costó sacarme ese dolor en el día.
He estado pensando mucho en lo que está ocurriendo.
- Le hablé a mis amigas de ti. Les mostré quién eras y te reconocieron. Mencionaron tu organización y expresaron que era mala idea compartir contigo.
Me decía ella.
Aquello no se me hacía raro, era algo que ocurría muy a menudo.
Más ella agregó:
- Les dije que: "Pese a que sé eso, quiero compartir con él."
Entonces me sorprendí y le pregunté:
- ¿Por qué quieres compartir conmigo?
- Siento que aprendo mucho, y me construyo. Me siento feliz.
Me decía ella, mientras yo analizaba la situación en perspectiva. En ese momento, no caería en cuenta que ella en realidad me estaba protegiendo. No era la primera vez que le hablaban mal de mí, en muchos espacios más le decían eso, o la asociaban a un violentador cuando se discutía de mi papel. Y creo que eso la afecta, y a mi me duele pensar, qué está ocurriendo.
He estado pensando en las otras cosas que me ha contado, y no sólo ella, sino otras personas me lo han contado. El espacio que desarrolle en conjunto con mis compañeros y las personas que llegarían posteriormente a discutir y construir sobre masculinidades, ahora se está tildando de violentador, por mi presencia ahí.
Estoy vetado de toda participación política en la facultad que ayudé a levantar y a construir políticamente, y ahora me quieren vetar del espacio que ayudé a construir. ¿Y también afecta mi vida personal?
Lo más triste es que al mismo tiempo estoy tratando de luchar al interior de mi organización, porque el debate se interiorice, que no es fácil, pero más difícil es confrontar a las personas que me rodean, con lo mismo de lo que ni yo mismo me siento coherente.
Creo que a raíz de estos últimos años he envejecido mucho, me han salido arrugas y hasta siento que no me falta mucho para empezar a tener canas. Siento esta presión latente y en días como hoy, creo que el papel que se me ha dado, es un papel muy difícil.
No quisiera que los espacios construidos se cayeran, por mi participación en ellos, y me he planteado dejar de asistir a dichos espacios, saliendo de la perspectiva de sentirme indispensable. Así como también detestaría que se afectara a una persona que quiero, por el hecho de compartir conmigo.
En días como hoy, me siento pesado, algo agotado y muy pensativo.
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