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Necromancia - Parte 1

La habitación jamás había tenido un tinte tan oscuro como en ese momento. El ambiente se sentía pesado, hasta podía sentirse frío, aunque era mental, Kornak no sentía nada. Al parecer las cosas no iban bien. Era la habitación donde se había criado por mucho tiempo, y aún así no se sentía igual. Los muebles no habían cambiado, pero tampoco percibía ningún aroma familiar. Tampoco había ruidos, de hecho, el silencio era demasiado intenso. Cualquiera se enloquecería encerrado en ese lugar. Y de la nada, la sintió. Ella o eso, no había hecho ningún ruido, no soltaba ningún aroma, simplemente Kornak, al sentirse observado, volteó.

Y entonces la vio. La silueta aún lejana de una anciana al fondo de la habitación. Aún no entraba a la habitación, solo estaba quieta al pie de la puerta de la casa. Kornak sintió mucho frío de golpe, aunque no estaba haciendo frío. En realidad había una oscuridad amenazante acompañando aquella anciana. Como si simplemente los colores se fueran atenuando cerca suyo. 

De un momento a otro la anciana empezó a caminar hacia la habitación. El silencio era cada vez más intenso. Kornak pensaba muchas cosas pero ninguna la podía materializar en palabras. Sus labios no se movían, permanecían intactos, como a la espera de ver que pasaría o el por qué de las cosas. El silencio empezó a provocar que escuchara los sonidos en su interior. La forma en que luchaba por intentar respirar adecuadamente y aún así caía en la trampa del respiro agitado. O la percusión que formaba su corazón al sentir un peligro inminente. Todo ello hacía una escena macabra en la que la espera solo empeoraba las cosas.

La anciana se acercaba cada vez más a la habitación y su silueta iba generando imágenes cada vez más claras, a pesar de que a su alrededor la luz de los colores parece que moría de a pocos. 

Al fin, la anciana se acercó lo suficiente para que Kornak pudiera distinguirla. No era nadie conocida, es más sentía que sus características no se asemejaban demasiado a la humanidad que llevaba su raza en cada rasgo. La señora de avanzada edad, se movía despacio. Al principio, parecía que ignoraba al guerrero, pero solo estaba ubicándose de forma correcta. La señora tenía demasiadas arrugas, estaba corvada y sus ropas parecían tener su misma edad. Varias partes de su piel que se descubrían, denotaban aún más arrugas y piel colgando. 

Después de poco tiempo la anciana se ubicó enfrente de Kornak. Y con una voz seca y cansada dijo:

-Tienes que verlo...

Kornak seguía sin poder hablar, pero la lucha por respirar cesaba. 

-Tienes que verlo.

Repitió la anciana mientras de su atuendo sacaba sus brazos flacos y arrugados. Descubriendo sus manos larguiruchas con dedos estirados y uñas alargadas. A pesar de ser una anciana robusta en el torso, sus brazos parecían de un cuerpo más delgado. Hizo un movimiento extraño, como si a acariciarse su vientre fuera, pero lo que ocurrió, fue totalmente distinto.

La anciana destapó su vientre y con un esfuerzo apretó sus largas uñas para enterrarselas a sí misma. 
No se desprendió ni una gota de sangre. Y esa fue la parte que más intrigó con terror a Kornak. La anciana no solo se enterraba las uñas, sino que parecía que se estuviera abriendo el estómago con sus propias manos, desde el ombligo. De repente, un hoyo empezó a crearse forsosamente del estómago de la anciana. No había sangre, pero si una oscuridad muy intensa. Todo era oscuridad.

Y entonces, cuando el hoyo fue lo suficientemente amplio, empezaron a salir insectos de él. Siendo el primero una tarántula mediana, seguida por gusanos, moscas y todo tipo de cien pies. La imagen aterrorizaba cada vez más al joven Kornak. Hasta que la anciana con sus propias manos empezó a espichar uno por uno a cada uno de los insectos... Hasta que volvió a fijar su mirada en Kornak...

...

Estaba empapado en sudor. Su energía espiritual parecía estar agotada. Aunque hubiese querido lanzar cualquier tipo de conjuro, hechizo o leer algún artilugio, no hubiese podido. La respiración estaba supremamente agitada pero fue normalizándose a medida que se miraba el cuerpo para saber que todo estaba en orden.  Solo fue otra pesadilla desde que había empezado el entrenamiento en las artes del más allá.

Y tan pronto como estuvo de acuerdo consigo mismo, de que todo estaba bien,  volvió a recordar las palabras de su mentora. "No se debe intentar revivir un alma, nosotros solo usamos la carcasa, el cuerpo que la contiene. El alma no debe ser molestada."

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