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Anochece en Bogotá


La veo arrastrando un cuerpo. Ella no puede verme, desde ahora soy invisible para ella. Algo que acordamos ambos. Sin embargo, la sigo observando mientras notó como sus brazos se tornan cansados de tanto arrastrar dicho cuerpo. La vista es increíble. Al fondo, la bella ciudad que me ha acogido desde mi nacimiento. Aquella a la que le tengo miedo y amor, al mismo tiempo. Mientras tanto, cae la noche y la ciudad empieza a tornarse oscura, pero no una oscuridad cualquiera, es una oscuridad que solo mi ciudad posee. Una en la que están ocurriendo miles de cosas inesperadas. Cada tanto es posible ver uno que otro beso, las caricias de amantes, el regaño honesto de un padre o en mi caso verla a ella arrastrándolo a él. A veces solo aguanto la risa, pero en ocasiones, siento pena, pena ajena.


No sé en qué momento dejé de mirarla. Mi vista se posó sobre la torre luminosa que cubre la ciudad. Rara vez leo los anuncios que pasan por allí, pensaba vagamente. Me encontraba acostado en aquel tejado. Estaba tranquilo, podía respirar hondo. Era una bella noche, aunque me incomodaba un poco el ruido que emergía de ella. Eran los quejidos de alguien que no tenía la fuerza suficiente para seguir haciendo lo que hacía. Cargando con ese peso, casi siempre era una tortura, pero ella tomó esa decisión. Eligió cargar con ese peso. Y yo solo podía verla desde lejos. Allí acostado.

Pasada la noche y cansado de los ruidos, me puse audífonos. Escuchaba música triste. Algo desanimado que era producto de las tristezas de muchos hombres. Música urbana de mi pueblo, pero más que todo de mi generación. 

De repente, me llegó un recuerdo. Una persona nueva que no he dejado de pensar. Los debates que arma sobre física y su mirada, me empezaban a interesar. Y yo cansado del tema del amor, me sorprendía que alguien me llamara la atención. No era una persona normal, estaba seguro que destacaba entre los demás. Esa aura de alegría la recordaba muy bien. Era la misma aura que yo mismo desprendía, tiempo atrás. Al verla a ella, tan solo veía una flor,  una con polen para todos. Se adentraba la noche y yo solo seguía pensando en ella...


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