El primer día de clases fue curioso. No lo sentí como tal. Como había venido varias veces en estas semanas estaba ya acostumbrado a la presencia en la sede y no lo sentí como un primer día. Sin embargo, por unos momentos al principio me sentí solitario. Tenía ese miedo de ver a ciertas personas, a las que no quiero confrontar. No porque les tenga miedo, no tengo nada que temer. Sino porque no me dan ganas desgastarme en algo inútil.
El día se tornaba aburridor. Mi primera clase fue decepcionante. Al parecer el profesor no es de los mejores pero las posibilidades de pasar no resultan ser nulas, por lo que la decepción tampoco fue tan grande. En su explicación inicial, de pronto por el cansancio, llegué a dormirme incluso.
Por otro lado, como tengo clase en una sede diferente a la mía, cogí mi bicicleta y me fui hasta allí. Aunque encontré un amigo conocido, no estuve con el mucho tiempo y descargue mi cansancio en una siesta prolongada. Oculto en un rincón que recordaba. Hasta que llegó la hora de clase y me encontré con mis compañeros. Esa fue la parte buena. Me recordaron lo bueno que es la amistad.
Siempre sacándote buenos momentos y dándole un tono alegre a las cosas. Nos reímos muchos. Conocimos chicas muy lindas en clase, y tenemos planes de estudiar muy bien la materia.
La amistad hizo de mi día gris, un día con un final alegre.
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